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Acompañar el desarrollo humano de las personas que viven en situación de vulnerabilidad y exclusión

Somos una obra Salesiana

Creada en 1998, la cual ha atendido a más de 25 mil personas que aceptaron la invitación de superar su situación de vulnerabilidad, pobreza, a sus familias, reingresar a la escuela, dejar el consumo de drogas y la delincuencia.


En nuestros 22 años de historia hemos logrado que un 30% de los niños y niñas atendidos por nosotros superen la vulneración de derechos graves en las que se encontraban y otro 40% logre procesos significativos y puedan continuar avanzando.

Misión

Acompañar el desarrollo humano de las personas que viven en situación de vulnerabilidad y exclusión, desde la perspectiva eclesial salesiana, a través de programas educativos de calidad que promuevan el ejercicio de sus derechos, colaborando con ello a la transformación social.

Visión

Nuestro compromiso es ayudar a que todos los niños, niñas, jóvenes y adultos, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, ejerzan como sujetos de derechos capaces de transformar sus experiencias de sufrimiento, para descubrir sus potencialidades y crecer con dignidad, aportando a la construcción de la sociedad.

Valores

Amor solidario que acoge

Fe y confianza en Dios

Justicia que dignifica

Verdad que nos hace libres

Rasgos Educativos

Sus programas educativos de calidad buscan responder a la realidad y contribuir al desarrollo social.

Respetamos los procesos individuales y colectivos de las personas, nuestra aproximación a su realidad es sin discriminación de ningún tipo. Partimos de donde los niños, niñas y jóvenes se encuentran y vamos haciendo camino con ellos hacia la plenitud de humanidad que les es posible.

Como educadores y profesionales, mantenemos una presencia empática, constante y cariñosa con los jóvenes, en el contexto de la vida cotidiana. Esto significa “estar” siempre con ellos, escucharlos, acompañarlos y orientarlos. Solo así la presencia del educador se hace cercana y entrañable, atenta y acogedora.

Educamos convencidos de la capacidad de los niños, niñas y jóvenes de aprender de sus propias experiencias, de las relaciones interpersonales, de la lectura de la vida personal, del conocimiento adquirido, desde la enseñanza y el desarrollo de destrezas y habilidades, a través de la capacitación de las diversas áreas de la persona. En este sentido, nuestro modo de educar se traduce en la transformación de todas las acciones en una instancia de aprendizaje significativo.

Valoramos el estilo familiar, donde la presencia materna de María Auxiliadora, Madre de Dios y Madre nuestra, ayuda a crear un ambiente de hogar que hace real en nuestros centros la experiencia del “corazón oratoriano”, que es: “casa que acoge, parroquia que evangeliza, escuela que encamina hacia la vida y patio donde encontrarse como amigos y pasarlo bien”.

Creemos que el ambiente educativo juega un rol de relevancia en la construcción del sujeto y de las comunidades. De ahí que nos esforzamos en crear espacios donde predomina un clima familiar entre educadores y educandos; se cultiva la confianza, la alegría, la fiesta, el desarrollo de las cualidades personales y la corresponsabilidad de todos. También el ambiente físico, limpio y bello contribuye eficazmente a este fin.

Al hablar de experiencia comunitaria ponemos énfasis en la necesidad de crecer en las relaciones cooperativas y fraternas. Favorecemos la horizontalidad, la afectividad y el aprender a cultivar la justicia y el bien común. La opción por el trabajo asociativo favorece el acompañamiento mutuo a través de los grupos de autoayuda, apuntando a fortalecer el desarrollo de propuestas comunitarias para la superación de las problemáticas que los puedan afectar en la vida cotidiana.

Colaboradores
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